El equipo de perforación se instala en el terreno y lo primero que se escucha es el golpe del martillo normalizado contra la barra del SPT. En Ovalle, con los suelos granulares que predominan en los sectores aluvionales de la cuenca del Limarí, ese sonido es la radiografía inicial del subsuelo. La ciudad, ubicada a unos 30 km al interior desde la costa, presenta depósitos de arena limosa y gravas en matriz arenosa que, bajo el nivel freático, se vuelven candidatos naturales a la licuefacción durante un evento sísmico fuerte. Como consultor local, uno sabe que no basta con un par de golpes: se requiere un perfil continuo de resistencia para alimentar los modelos de Seed e Idriss o los gatillos de Youd, y luego cruzar esa información con la sismicidad característica de la región de Coquimbo. Por eso el ensayo CPT se ha vuelto una herramienta indispensable cuando los estratos son muy finos o la variabilidad lateral es alta, porque entrega una lectura continua de la presión de punta y fricción, ideal para detectar lentes de arena limpia que el SPT podría pasar por alto.
En la cuenca del Limarí, un perfil de suelo seco en superficie no garantiza estabilidad en profundidad; la licuefacción es un riesgo oculto que solo un análisis cíclico riguroso puede descartar.
Contexto regional
El contraste entre la aridez superficial de Ovalle y la presencia de napas freáticas someras en sectores como la ribera norte del río Limarí es el principal detonante del riesgo silencioso que evaluamos. A simple vista el terreno parece firme, seco y compacto, pero a dos o tres metros de profundidad uno puede encontrar arenas saturadas que, bajo la sacudida de un terremoto como el de Illapel de 2015 —que se sintió con fuerza acá—, pueden perder completamente su resistencia al corte. La NCh433.Of1996 modificada en 2012 exige verificar este potencial en la zona sísmica 3, y Ovalle no es la excepción; la combinación de un factor de aceleración efectiva alto y la presencia de suelos Tipo D o E según la clasificación de sitio ASCE 7 obliga a no confiarse. Si el estudio no se ejecuta a tiempo, el constructor se expone a asentamientos diferenciales severos después de un sismo moderado a grande, con el costo de reparación de fundaciones que fácilmente supera el de cualquier campaña de exploración preventiva.
Dudas habituales
¿En qué sectores de Ovalle es más probable encontrar suelos licuefactables?
Principalmente en las terrazas bajas y el lecho antiguo del río Limarí, donde los depósitos aluviales contienen arenas finas a medias limpias o con pocos finos. También en zonas de relleno artificial no controlado al norte de la ciudad, donde antiguamente había canales de regadío que mantenían el nivel freático alto.
¿Cuánto cuesta un estudio de licuefacción para un proyecto de edificación en Ovalle?
El costo varía según la cantidad de sondeos y la profundidad requerida, pero para un proyecto residencial de baja a mediana altura, el rango de inversión suele estar entre $1.353.000 y $1.701.000. Este valor incluye la campaña de terreno, ensayos de laboratorio, análisis cíclico y el informe geotécnico firmado.
¿Qué diferencia hay entre hacer el análisis con SPT o con CPT?
El SPT permite recuperar muestra alterada para clasificar visualmente el suelo y medir el contenido de finos en laboratorio, lo que es crucial para la corrección por finos en las arenas limosas de Ovalle. El CPT, en cambio, entrega un perfil continuo de resistencia sin necesidad de correcciones por energía, ideal para detectar lentes delgados de arena limpia que podrían licuar fácilmente. A menudo combinamos ambos para reducir la incertidumbre.
¿Es obligatorio por norma incluir este análisis en Ovalle si el suelo es granular?
La NCh433 exige evaluar el potencial de licuefacción cuando el nivel freático está a menos de 10 m de profundidad y el suelo clasifica como Tipo D o E. En Ovalle, con aceleraciones sísmicas altas y presencia de arenas en la cuenca, el análisis es mandatorio para obtener el permiso de edificación en la mayoría de los proyectos sobre suelo natural no competente.