Un diseño de drenaje que subestima la permeabilidad real del terreno en Ovalle puede transformar una excavación en una piscina improvisada durante la temporada de lluvias. Lo hemos visto en faenas al este de la ciudad, donde las terrazas aluviales del río Limarí esconden lentes de grava con conductividad hidráulica altísima, difíciles de predecir con un simple ensayo de laboratorio. Ahí es donde el ensayo Lefranc y el ensayo Lugeon se vuelven irremplazables. A diferencia de una muestra alterada, estas pruebas miden la respuesta del macizo rocoso o suelo en su estado natural, incorporando fracturas, oquedades y la fábrica del depósito. En Ovalle, con una población que supera los 110.000 habitantes y un crecimiento que empuja las obras hacia sectores de piedemonte, ignorar la permeabilidad de campo es un riesgo técnico y contractual que ningún proyectista debería asumir.
El valor de una unidad Lugeon en roca fracturada puede ser la diferencia entre un drenaje suficiente y una falla por subpresión.
Contexto regional
Las condiciones de suelo en el sector poniente de Ovalle, próximo a la carretera, difieren radicalmente de los terrenos aluviales finos hacia el oriente, cerca de la confluencia con el río Hurtado. En la zona poniente, encontramos un sustrato de roca granítica meteorizada donde la fracturación controla el flujo; un Lugeon mal ejecutado, con obturadores que no sellan bien, arroja valores de absorción falsamente altos que llevan a sobredimensionar las inyecciones de impermeabilización. En el oriente, en cambio, el riesgo es el opuesto: lentes de grava limpia sin finos pueden generar vías preferenciales de agua que un Lefranc de carga variable, si no se estabiliza correctamente, tiende a subestimar. Un error en la interpretación de la permeabilidad de campo en cualquiera de estos sectores compromete la estabilidad de taludes adyacentes a obras viales o la efectividad de sistemas de drenaje en subterráneos, con consecuencias que se manifiestan justo cuando el sistema hídrico está más exigido.
Dudas habituales
¿Qué diferencia al ensayo Lefranc del Lugeon en un proyecto en Ovalle?
La diferencia fundamental está en el medio donde se aplican. El Lefranc se utiliza en suelos y roca extremadamente fracturada o meteorizada, típica de los depósitos aluviales del valle central de Ovalle, y mide la permeabilidad con baja presión. El Lugeon, en cambio, se emplea en macizos rocosos más competentes, como los que afloran hacia la costa, y somete el tramo ensayado a presiones escalonadas para evaluar el comportamiento hidráulico de las fracturas bajo diferentes regímenes de flujo.
¿Cuánto cuesta un ensayo de permeabilidad Lefranc o Lugeon en la zona de Ovalle?
El costo varía según la profundidad del tramo a ensayar, la accesibilidad del equipo de perforación y la cantidad de pruebas por sondeo. Para un programa estándar en la zona de Ovalle, los valores se sitúan entre $256.000 y $519.000 por ensayo, dependiendo de si se trata de un Lefranc a poca profundidad o un Lugeon con múltiples escalones de presión en roca.
¿En qué normativa chilena se respaldan estos ensayos?
El ensayo Lefranc se rige por la norma chilena NCh3171:2010, que establece los procedimientos para la medición de permeabilidad en suelos. Para el ensayo Lugeon, al no existir una NCh específica, nos basamos en la norma internacional NCh 3251 y en los métodos sugeridos por la International Society for Rock Mechanics (ISRM), complementados con los requisitos de la NCh1508 para estudios geotécnicos.
¿Qué profundidad máxima de ensayo de permeabilidad en campo pueden ejecutar?
La profundidad está limitada por el equipo de perforación y la estabilidad del sondeo. En la cuenca de Ovalle, usualmente trabajamos hasta los 80 metros en suelo para Lefranc, mientras que en roca para Lugeon podemos superar los 120 metros, siempre que la pared del barreno lo permita y se pueda aislar correctamente el tramo con obturadores neumáticos.